martes, 19 de septiembre de 2017

Renacer de las cenizas (diálogo interno y relaciones tóxicas)

¿Alguna vez te has detenido a analizar cuidadosamente el diálogo interno que sostienes? ¿Has notado las ocasiones en las que te felicitas por algo o en las que te reprochas cosas? ¿Cuántas veces te llamas a ti mismo "tont@" por algo que no salió bien? Creo que estás comenzando a ver a qué quiero llegar... ¿sabes si esas etiquetas te las pusiste tú o vienen aprendidas de alguien más, que te las repitió hasta el cansancio? Es el tema que quiero abordar el día de hoy: el maltrato psicológico y verbal, el cual muchas veces vemos como algo "normal", pues es "común" decirle tonto a alguien que se cayó y con tristeza, cada vez noto que son más las personas que manipulan de una u otra forma a la gente a su alrededor.

Hoy les voy a contar una historia, con la esperanza de que ayude a quienes están en una situación similar y se liberen de ese círculo vicioso. Hace unos años, cuando yo tenía 16 e iba en la preparatoria (o bachillerato, educación media superior, vaya)  me enamoré de un compañero de clase, mi primer novio y todo fue lindo hasta que terminamos porque yo no lo sentía interesado en mí como al inicio y decidimos que era lo mejor. Bueno, ¿qué tiene que ver con el diálogo interno? Primero, quiero recalcar que desde niña crecí en un ambiente amoroso y donde me impulsaron a realizar lo extraordinario día a día, pero también escuché comentarios duros cuando fallaba: "eres una inútil", "no sirves para nada", "eres una tonta", "todo lo haces mal", etc. Así era y así pensé que era la sociedad en general. Como consecuencia, mi tenacidad y perseverancia aumentó, yo me mostraba segura por fuera (no sé cómo lo hice) y era un manojo de nervios por dentro... Y así pasó con mi primer ex novio, no me culpé, pero tampoco estaba muy segura de lo que había pasado.

Pasaron los meses y nuevamente me enamoré. Esa vez pensaba en no cometer los errores del pasado, es decir, en ponerle más atención al chico en cuestión y esperar lo mismo a cambio: error. La persona de la que me enamoré era un as de la manipulación y yo no supe leer los signos a tiempo: había una chica que decía que él le había prometido hacía poco la luna y el sol, él decía que ella juraba quitarse la vida porque él no le hacía caso... qué raro, ¿no? En una sociedad donde lo "normal" es juzgar a las mujeres de todo incluso entre mujeres, caí en el mismo juego y juzgué a esa chica, tachándola de rogona y buscona (algo de lo que no estoy nada orgullosa). Éramos un grupo de varios amigos, tres chicos y yo, entre ellos estaba el que sería mi segundo novio... y quien literalmente, puso mi mundo de cabeza pero para mal.

Comenzamos a salir luego de varios mensajitos melosos llenos de cursilerías y unas fiestas a las que fuimos. Quise ser una "novia atenta" y les dije a mis amigas que comería con él en el recreo en lugar de ellas, ése fue mi primer error dentro de la relación. Los primeros meses fueron lindos, era muy detallista, diario enviaba muchos mensajes y todo era "normal" aunque algunos comentarios de su parte quizás eran duros. Una vez, mi prima lo vio con otra chica y me lo dijo; al cuestionarlo, negó todo y la cosa se puso mal, él estuvo muy violento, luego me rogó que no lo dejara ¿qué haría sin mí? Mirando hacia atrás, creo que me quería más por pasarle las respuestas de los exámenes de inglés y hacerle los trabajos que por otra cosa (otro error de mi parte). Lo perdoné e ignoré las cosas que mi prima me había dicho.

El evento que detonó todo fue cuando me fui de viaje a Edimburgo para estudiar inglés durante un mes junto con mi hermano. Mi novio estaba devastado... ¿qué haría sin mí un mes? Lloró a mares para que no me fuera... pero mis sueños estaban antes y entonces dijo que me esperaría y que hablaríamos cuando tuviera la ocasión. Edimburgo me trae recuerdos agridulces: por un lado, el amor por el país y el idioma, la felicidad de conocer gente diferente y compartir, de libertad; por el otro, la depresión y ansiedad que sufrí. Recuerdo bien el primer día después de estar instalados y conocer la escuela, fuimos al castillo y yo le hablé por teléfono desde ahí, inocente como soy, no me di cuenta de la envidia que él sentía... cuando le dije que me gustaba el lugar y que me encantaría visitarlo con él, se enojó y me dijo que no le contara nada de esos lugares, que no quería saberlo. Me exigía saber dónde estaba con la excusa de estar "preocupado" por mí, si no le respondía se ponía violento y si no le llamaba igual. Disfrutaba a ratos, en otros me estresaba, yo no entendía... yo no le preguntaba qué hacía o dónde estaba y sin embargo, necesitaba hablar con él, era una adicción aunque me insultara, lo necesitaba...

De regreso a casa, unas rosas fueron su ofrenda de paz, la cual duró poco. Dos semanas después, comenzó el nuevo curso y mi infierno personal a la par. Nos había tocado en el mismo salón, tanto de clases generales como de inglés y se sentó detrás de mí. Al principio pensé que era una suerte, pues me tocó el mejor profe titular y mi novio, al igual que mis amigos, pero pronto comencé a ver el infierno en el que estaba. Cuando un amigo se acercaba a saludarme, él me decía que era una "zorra" y dejaba de hablarme o me aventaba las manos para no abrazarme, así que pronto comencé a alejarme de mis amigos y a temer (realmente temía) que alguien se acercara a saludarme. Me quedé con dos amigas, una de ellas sabía todo el caos que era mi vida y me apoyaba, saltándose clases conmigo para calmarme mientras nos escondíamos en el baño de mujeres y claro, él se enteró y quiso prohibirme hablar con ella, pero me las ingenié.

La tortura no era sólo en la escuela, sino que en casa se habían dado cuenta de su forma agresiva de ser. Mi mamá discutía mucho conmigo por dejarme de él, me cuestionaba todo y se metía en la relación (cosa que permití al inicio) así que había veces en las que me castigaba el celular y eso me causaba ansiedad porque sabía que él se pondría histérico... y luego cuando me devolvía el cel, él decía que yo estaba engañándolo con otro y que le mostrara foto de donde estaba. Mi único refugio era el básquetbol, mi papá y mis estudios, por eso fue el año en el que más notas perfectas tuve, supongo. No tenía paz ni en la escuela ni en casa pero apenas comenzaba todo... era octubre y aún quedaban largos meses por recorrer.

En un intento por ayudarme con la ansiedad que tenía y que se ponía cada vez peor pues daba muestras físicas de asfixia e intentos de desmayos, mis padres me llevaron al psiquiatra por lo que empecé a ser medicada con antidepresivos y ansiolíticos. Los días eran borrosos, nebulosos y mareados para mí, parecía muerta en vida y así me sentía. Mis profesores notaban cambios en mí: de ser la alumna lista, alegre y desmadrosa a escondidas, pasé a ser la alumna triste, decaída, temerosa e inteligente. Veía los intentos de algunos de ellos, ángeles en mi vida, por llenar de color mis días y su frustración al no poder acercarse a mí, pues notaban que las cosas podían ser peores si yo hablaba. Otro error que cometí fue contarle todo a mi novio... él sabía de la situación en casa y la usaba en mi contra, para manipularme y chantajearme (yo no querían que supieran lo rota que estaba), tratando también de alejarme de ellos.

Él llegó al punto de querer controlar mi vida de tal modo que hiciera sólo lo que él quería. Recuerdo una vez que teníamos que hacer un trabajo y yo no podía ir con ellos porque tenía partido de basquet; el berrinche fue enorme y su chantaje aún más para que faltara al partido. Fue una de las pocas veces que yo me impuse y no hice su voluntad. Claro, las palabrotas y el chantaje fueron en aumento. En uno de mis partidos, me lesioné la rodilla y tuvieron que ponerme férula, por lo que tuve que dejar forzosamente uno de mis pocos refugios hasta recuperarme. Luego vino Navidad y con ella, un viaje que hicimos con mi familia a Cancún en donde las primeras muestras de agresión física comenzaron. A mi papá y a mí nos gusta manejar motos acuáticas y él había rentado una, me llamó para ir con él; pero mi novio no quería que fuera (quizás estaba celoso de mi papá) y yo me fui a manejar la moto. De regreso a la playa, discutimos por no haberlo obedecido y él jaló mis muñecas... no reaccioné ante lo que hacía, ni siquiera después de que mi papá me dijo que no debía permitir algo así, ya que él jamás me había maltratado... me dio mucha vergüenza con él, más por mentirle y defender al monstruo que cada vez empeoraba más.

Pasaron muchas cosas, todo empeoraba y nada mejoraba, incluyendo mi rodilla. Cuando estás en un círculo así, en una relación tan tóxica, solamente tú puedes salir de ella, ya que te alejan tanto de tus seres queridos que dejas de escucharlos y creer lo que te dicen, no entiendes razones y vives en completa dependencia del otro aunque te haga mucho daño; justamente eso me pasó a mí. Sin embargo, gracias a Dios, comencé a tener momentos de lucidez. Uno de ellos fue cuando visitamos el Hospital de Enfermos Crónicos en Tepexpan, donde nos contaron las historias de cómo habían llegado ahí y me di cuenta que mi vida no era tan miserable e inútil como yo la veía, que tenía salud y ganas de salir adelante y con eso, no había forma de detenerme.

Lo primero que hice fue ir al ortopedista. Quería regresar a jugar y mi rodilla no me respondía bien, el entrenador me prohibió ir a los entrenamientos hasta tener el alta médica, quería que mi rodilla mejorara. Luego de tres opiniones, supimos que mi ligamento cruzado estaba roto y había que operarlo, podíamos esperar a las vacaciones de Semana Santa dijeron, pero yo les dije que lo quería lo más pronto posible. Secretamente supongo, deseaba morir durante la cirugía a pesar de saber que era de bajo riesgo. Se programó para el 8 de marzo, irónicamente, y lo digo así porque fue un día en el que viví de todo. Obvio que el sujeto sabía que me operarían ese día (el cual era de exámenes, los más importantes del semestre), pero se comportó de lo más patán. Primero se enojó porque me tocó en el mismo salón que mi mejor amigo y nos ayudamos mutuamente en el examen, por lo que se puso celoso y me dijo que no le hablara, que ni creyera que me iba a ir a visitar al hospital o ayudar con las tareas del viernes siguiente.

Yo me fui tranquila al hospital por primera vez en meses... nada de mensajes histéricos, nada de nada. Claro, yo también me volví chantajista y le dije que si me moría, caería en su conciencia (dramática). Lo que recuerdo luego fue que me tardaron mucho en meter a quirófano porque llego alguien de emergencia, luego de la cirugía, lo primero que pregunté fue por la hora de la comida, pues moría de hambre. Después, vi a mis padres quienes estaban conmigo y luego, llegó el cínico con su mamá y un globo... él pensaba que las flores o los regalos compensaban todo... Y yo le guardaba rencor, pero aun no sabía cómo salir de eso.

La cirugía de mi rodilla fue mi renacer. Mentiría si dijera que recuerdo haber visto algo mientras me operaban, pero no sólo mi rodilla estaba viva de nuevo, sino que yo me sentía poderosa otra vez y capaz de dejar todo lo malo atrás y eso me propuse hacer, comenzando a idear el momento y la forma de dejarlo y terminar esa relación.

Mi profesora de geometría analítica me propuso ir a un concurso de matemáticas en Morelia, "tú puedes ganar" me dijo y yo pensé que sería un lindo regalo de cumpleaños hacia mí misma y acepté. Ése día le dije en el recreo mi decisión a mi novio y no le pareció para nada, ¿cómo iba a ir yo sola a Morelia y quedarme con quién sabe quiénes hombres? No, no iba a ir. Yo me aferré a que sí, la profesora me había escogido a mí de toda la generación e irían otros dos compañeros, de primer y tercer año, podía ganar, le dije, ya había ganado un concurso de matemáticas años atrás (segundo lugar). "No puedes ganar", dijo. Le dije que estaba harta de sus celos inmaduros y su envidia, que bien podía irse con sus viejas con las que me engañaba (me habían dicho varias veces y comenzaba a creerlo). Recuerdo que estábamos en las escaleras y había dos maestros de inglés haciendo guardia en el corredor. Él se puso muy violento, al grado de que levantó su mano para darme una bofetada... "¡Ándale, hazlo si eres tan machito! Y que se enteren todos en la escuela de cómo eres en realidad. ¡Pégame, ándale!" Fue lo que le dije, tenía mucho miedo y rabia... lo que pensé en ese momento fue que no iba a permitir que me golpeara, que yo sabía golpearlo más fuerte (estudié karate por muchos años) y que hasta ahí había llegado tanto maltrato, que si permitía que me golpeara, jamás iba a salir de ahí. Se puso transparente y me dejó ahí en las escaleras, inmediatamente me puse a llorar... lo sentí una pequeña victoria.

Comencé a alejarme aunque él me acosaba. Mis padres me cambiaron la línea de teléfono para ir a Morelia, pero de verdad que la dependencia era mucha y le di el número a él, obviamente que estuvo molestándome y yo me dejé molestar... Me creí sus palabras y no pasé de la primera ronda del concurso... Pero conocí gente lindísima con la que tuve muy buenos ratos y además, conocí lugares encantadores de Michoacán, patrocinados por la escuela.

El final de la relación creó más problemas en mí; luego de haber cortado, fuimos al cine y dejé que me besara porque tenía ganas. Al llegar a casa, mi mamá me vio los labios mordidos y me dio unas buenas bofetadas por ser una "tonta" y "fácil". Dolió, sí, dolieron más las palabras y el ocultar lo que me había pasado, pues tuve marcas en la cara cerca del ojo e inventé que me había cortado con algo... caí en el juego de inventar para ocultar la verdad y eso no debí hacerlo. Mi mamá me pidió perdón y lo acepté aunque confieso que no fue sino hasta después que la perdoné con toda mi alma.

Me deprimí por no saber de él en vacaciones pero me di cuenta que no le importaba porque no me buscó ni nada. Luego regresó a buscarme... y decidí que podíamos ser amigos, bien ilusa. Mis padres habían considerado cambiarme de escuela para el último año y yo también lo pensé; pero luego lo analicé mejor: no iba a dejar a mis pocos amigos, ni mucho menos todo el esfuerzo de salir bien en la escuela por un hombre que no lo valía sólo para estar bien yo, yo podía con eso e iba a sacar mi premio al mejor promedio de generación, ésa fue mi decisión.

Desgraciadamente, él hizo de todo para que nos tocara en el mismo salón otra vez. Pero en esa ocasión, como me volteó todo y dijo que yo era la acosadora con él y que tenía que tener amigas para que volviéramos (dependiente como estaba, le hice caso, aunque ahora sé del favor que me hizo), me senté en el extremo opuesto a él con una amiga y fui feliz, comencé a florecer y a recuperar a mis amigos, poco a poco y lentamente. Como les hablaba a los hombres y mujeres, él siempre me decía que era una "zorra" pero yo le respondía, no me dejaba ya y mucho menos me lo creía. Dejé de pasarle las respuestas y hacerle trabajos, me desvinculé todo lo que pude de él, aunque la dependencia seguía.

Me escribía y me decía que me amaba y me extrañaba, a veces me seguía llevando lunch. Luego, en la escuela, coqueteaba con otras hasta que se consiguió novia. Ése día, le aventé su lunch que me había llevado y le dije que dejara de hacerle eso a su novia y sobretodo, que me dejara en paz. No me hizo caso... Me vio hablando con mi primer ex novio, quien es un ángel para mí y amigo incondicional, apenas habíamos vuelto a hablarnos luego de año y medio y me aconsejaba sobre cómo alejarme de él, entonces se enojó. Yo exploté, como nunca... le dije que me dejara ya en paz, que no éramos nada y él tenía una novia, que me respetara a mí y a ella y dejara de buscarme; todo mientras le aventaba la mochila y el celular que le regalé y lo golpeaba en el pecho, siendo observada por mi mejor amigo que no sabía si entrar a detenerme o dejar que me descargara. Entendí que lo de la chica, un año atrás, había sido cierto, que había jugado con ella y conmigo al mismo tiempo y ahora lo hacía con otra chica y yo. Me sentí culpable por haber juzgado.

Al día siguiente, la subdirectora me amenazó con suspenderme si volvía a hacer algo así, "tienes suerte de tener buenas calificaciones" me dijo. Mientras que ella me reprendía por eso y yo por dentro me sentía culpable por haber explotado, todos mis amigos parecían más que felices por haberle dado su merecido. No fue lo mejor, pero creo que así entendió un poco. Ése día llegó a fastidiarme en inglés y mi ex (el ángel) le dijo que yo no estaba sola y que la siguiente que viera que me molestaba, él mismo le daría una paliza lejos de la escuela para que no pudiera ir de chillón con la subdirectora. Se fue. Mi maestra de inglés me dijo que debí haberle roto la nariz y me aconsejó hablar con su novia, pues se había enterado de que él hizo chisme y que los padres de ella irían a poner queja en mi contra. Hablé con ella, le pedí unos minutos y me expliqué que nunca mi reacción fue por ella, sino porque él estaba faltándonos al respeto a ambas, le dije que no merecía eso ni yo y que no me dejaba en paz, que ella siempre me cayó bien y le deseaba lo mejor que esperaba que entendiera y lo hizo, la forma en que lo miraba a él me hizo ver la mentira que le dijo.

A pesar de todo ello, él seguía ahí, metiéndose y acosándome. Gritaba cosas y sobrenombres que sólo yo entendía en clase para fastidiarme, lo acusé con el profesor titular y fue quien me apoyó, ya que la subdirectora decía que yo lo acosaba a él. Valía más su palabra que la mía...

Fueron meses complicados, pero con la ayuda primero de Dios que me envió a tantos ángeles que me cuidaron de mil formas en la escuela: impidiendo que se me acercara, llevándome lejos de él cuando iba hacia mí, alejándolo de mí, defendiéndome, dándome ánimos y abrazos, brindándome su amistad y sacándome sonrisas; mis padres que no se dieron por vencidos y me entendieron y buscaron ayuda profesional para mí (mi psicológo era excelente), mi hermano y mi familia, logré salir adelante. No lo niego, tuve periodos de crisis intensas donde los pensamientos suicidas eran más presentes que nada, pero por cobardía (más bien, ganas de vivir que venían de mi corazón) jamás atenté de ningún modo contra mi vida y poco a poco fueron disipándose.

A pesar de todo, me dejó cosas buenas esa relación, muchas enseñanzas: aprendí a no cambiar por agradar a otros, a no soltar mis sueños ni alejarme de la gente que amo, a no darme por vencida, a que incluso el momento más oscuro tiene algo de luz y en mi caso fue el entrar al Teachers para ser maestra de inglés, lo cual era uno de mis sueños... aprendí a identificar comportamientos tóxicos en mí y en otros para soltarlos y no caer en esos juegos... también me ayudó a desarrollar mi don de la videncia, pues nada es casual y fue la primera vez que vi a mi bisabuela frente a mí (quien había fallecido mucho antes de que yo naciera).

¿Por qué les cuento algo taaan largo? Porque sé lo difícil que es vivir algo así, que vives diario entre la espada y la pared y te sientes muerto en vida... pero también sé que siempre habrá luz y sol y que somos fuertes, que ningún comentario negativo que te digan es verdad: TÚ VALES MUCHO, ERES ÚNIC@ Y ESPECIAL, ERES PRECIOS@, ERES INTELIGENTE Y MERECES LO MEJOR SIEMPRE. Hay que cambiar el diálogo interno... cada vez que me golpeaba con algún mueble, me decía "tonta" pero lo estoy borrando, me digo que fue accidente, que soy inteligente porque lo soy y el mundo se ha vuelto mejor.

Si tú has vivido una experiencia similar y necesitas ayuda, aquí estoy yo para escucharte. No temas, saldrás de esa situación, tú puedes. Busca ayuda y si temes acercarte a tus conocidos, busca ayuda en otros. No estás sol@ y nadie merece una vida así. Sonríe, porque esto pasará y sólo será un recuerdo borroso en el futuro. 

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