19 de septiembre, Ciudad de México
Comenzó como un día normal, salvo que ese día desperté en la madrugada un poco alterada porque acababa de soñar que habría un terremoto. "Debe ser por el aniversario del terremoto del 85", pensé y volví a dormir. Cuando desperté, no pude ir a hacer ejercicio porque tenía cita con el médico junto con mi mamá en Cuautitlán, Estado de México.
Nos apresuramos a salir y como era tarde, no desayunamos. Todo iba como cualquier día en el que vamos al médico, sólo que esta vez vi más flores en la carretera. Saliendo de consulta, sonó la alarma sísmica para realizar el simulacro y guardar silencio recordando a las víctimas del 85.
Pasamos a comprar algunas cosas que necesitábamos para la comida de ese día y yo esperé en el auto a mi mamá, mientras continuaba leyendo mi libro de "The Great Gatsby" (con fines de aprendizaje) y escuchaba en la radio anécdotas de lo que la gente vivió en el 85, recordando que aunque yo no lo viví porque no había nacido, siempre sentí empatía y escuchaba con admiración y solemnidad las anécdotas que mis profes en la secundaria y prepa nos contaban, al igual que los testimonios de mis padres. "Qué fuerte fue todo", pensé.
Ese día decidimos ir al mercado en Tultitlán, yo quería comer un elote e igual nos hacía falta comprar cosas de la despensa. Estábamos en un puesto de cinturones y plantillas de zapato, el señor estaba cortando las plantillas para mi mamá cuando sentí que se movía el piso. "¿Pasó un tráiler?" Fue lo que mi mamá preguntó, yo había pensado lo mismo porque el piso se había movido así, pero me di cuenta de que no había calles cercanas... Luego la tierra comenzó a brincar. Frente a nosotras había un poste de teléfono y se movía de un lado a otro, mi mamá estaba pálida (nunca la había visto tan asustada) y me dijo que camináramos para no marearnos al tiempo que me pedía marcarle a mi hermano pues él estaba en Tlatelolco. Se me hizo eterno y la música dejó de sonar en las carpas del mercado... claro que estaba asustada, pero aprendí gracias a Dios y a mi papá, que no me paralizara en situaciones así y quise calmar a mamá. La llamada a mi hermano entró y me dijo que todo estaba bien aunque el temblor se había sentido de la fregada allá.
Cuando terminó el temblor, se escuchaban las noticias, pues cambiaron la música por la radio. Me espanté, ¿cómo se habría sentido en la ciudad si allá donde nunca se siente parecía que todo se caería? Mi celular marcaba el epicentro cerca de Puebla, lo que fue más raro para mí. Logré comunicarme con mi familia y amigos cercanos, todos estaban bien. Pero me histericé cuando la señal se cayó y no pude encontrar a mi papá ni mi primo respondía su whatsapp (que por cierto, fue la salvación ya que las líneas de teléfono estaban saturadas).
Saliendo del mercado pasé por mi elote, la chica que los vende estaba pálida de miedo y paralizada... "Todo está bien", dije, aunque la ansiedad de no encontrar a mi papá y primo estaba al máximo. Ese pensamiento cambió en cuanto subí al auto y sintonizamos la radio... "El Colegio Enrique Rébsamen al sur de la ciudad se cayó. La parte de preescolar se encontraba arriba de la zona del derrumbe. Hay padres de familia buscando a sus hijos y gritando sus nombres." Todo era caos y confusión... se escuchaba tras la narración del reportero, los gritos ansiosos y desesperados de los padres de familia. Me paralicé y con lágrimas en los ojos, lo primero que le dije a mi mamá era que quería ir a ayudar.
Soy maestra de inglés (entre otras cosas) y a todos mis alumnos los considero como "mis niños" aunque yo no soy mamá, el amor que siento por los niños con los que comparto es muy fuerte y sé lo que haría por ellos en una situación como la que vivimos el martes. Sentí conexión profunda con todos los de la escuela... Luego fue viendo todo lo que había ocurrido, los edificios caídos aquí y allá, todo parecía película de terror, una pesadilla. Caí en la cuenta de mi sueño y mi shock aumentó.
Llegando a casa localicé a mi papá, quien estaba ahí también y dijo que quería ayudar a la gente. Luego mi hermano habló para decir que venía en camino pues lo habían dejado salir del hospital. Estábamos todos bien, gracias a Dios y nuestra zona y casa también estaban bien. Pero la ciudad estaba de cabeza y yo no sabía cómo ayudar. Fueron horas llenas de angustia, tristeza y desesperación; pero también de esperanza al ver cómo rescataban con vida a personas de entre los escombros y ver a toda la gente ayudando y desbordando ayuda.
No dormí bien, no creo que nadie lo haua hecho. Además del susto, sentía presencias a mi lado... no sabía qué hacer y tenía pánico de verlos, aunque ellos sabían eso y no se me presentaron. Al día siguiente, mi mamá me animó a ir a hacer ejercicio y yo no entendía cómo hacerlo si todo estaba de cabeza... cómo seguir cuando nos faltaban personas y niños... pero mientras más veía las noticias, más me bajoneaba y caía en el miedo colectivo. Así que me moví.
Después llevamos una aportación de sueros y material médico al centro de acopio y ahí fue cuando me di cuenta de que mi burbuja estaba intacta: calles abajo se había caído una barda, pero también en mi antigua escuela, había adolescentes haciendo acopio de material necesario para las áreas dañadas, había unión, fe, fraternidad y servicio, los valores que nos enseñaron los hermanos ahí en la escuela.
Estuve con miedo y paralizada todo el día, pegada a la tele viendo las noticias lo cual aumentaba mi ansiedad. Ayudé compartiendo información que fuese de ayuda y no me despegué. Luego al llegar la noche, las presencias se volvieron a sentir y mi miedo igual.
El jueves fue diferente, me animé a salir más y a trabajar, "hay que levantar el país" me dije, "hay que subir la vibra". Ese día también salí hacia otra zona y vi los daños que había ahí: edificios a punto de caer o chuecos, vidrios tirados... Necesitaba un descanso y fui a cenar con un amigo, lo cual me distrajo y relajó. Luego estuve sacando cartas de ángeles para mis amigas y para mí, donde se me pedía descansar para poder ayudar luego.
El viernes estuve mejor, ayudando a subir la energía comenzando desde mi propio ser, descansando. Ese día, en la tarde después de comentarle mi miedo a mi mamá y tía, hablé con las presencias, almas de niños y maestras que habían fallecido y estaban desorientados. Pedí ayuda al Arcángel Miguel y que los guiara hacia la luz, es momento de descansar y les agradecí su ayuda para con todos nosotros pues nos enseñaron la unión, el amor y la generosidad. Comencé a pensar que un grupo de terapia sería bueno pero ¿dónde? Eso se dará adelante, sé que seré guiada a eso. Pude dormir bien en la noche y descansar, me sentí mejor.
El susto vino el sábado, cuando tembló temprano. No pude sacar a uno de mis perritos ni a mi gato y me estresó eso pues sé de las mascotas que perecieron en los derrumbes. Ya no pude dormir... ¿qué hice luego? Salí a pasear al centro histórico... Hay que reactivar el país. Las calles estaban mucho más vacías que de costumbre y sin música, dicen que desde el temblor del martes han ido pocos, que ayer comenzaron a ir más pero se asustaron con el temblor de hoy. Reí y disfruté, no es que no recuerde lo que otros están viviendo, pero es momento de tener fe y subir la vibración y esa es mi manera de ayudar ahora. Ayudaré de otra forma después, pero por ahora esta es mi trinchera.
Vibremos alto y fuerte, vibremos en amor, que así ayudaremos mucho más de lo que imaginamos a nuestros hermanos, a nuestro país y al mundo.
Dios, la Virgen y los ángeles nos guían siempre.
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